Entonces voy a hacer la gran lista de tareas para mañana, que si no se me olvida:
- A las nueve y pico me levanto. No puedo dormir más tiempo, porque mi madre se va a trabajar, y a lo mejor llama por teléfono el de Llamada Perdida y tengo que contestar, o a lo mejor viene un señor por la ventana (vivo en un cuarto piso) a secuestrar a mi abuela, o viene el Joker a traerme regalos. Lo típico, vaya. Pero en cuanto se vaya mi madre a trabajar me voy a poner a dormir, diga lo que diga.
- A las doce o por ahí me despertaré y ya si eso desayuno. Hago las cosas típicas de por la mañana: llevar a la tele a pasear, hablar con los CDs a ver qué tal les va...
- A eso de la una me pego al ordenador (somos inseparables... es un amor inquebrantable), miro correo, miro Tuenti, miro correo, miro Tuenti, miro correo, miro Tuenti, juego al Assassin's Creed, dejo de jugar al Assassin's Creed, miro correo, miro Tuenti, pongo música, miro correo, miro Tuenti, miro Feisbus, cambio fondo de pantalla mientras miro correo, miro Tuenti, dejo de mirar todo, quito la música y me voy a comer.
- A las tres y algo pienso. Sí. Suelo pensar quince minutos al día, que han dicho que es sano. Pero no hay que abusar. Mi récord es media hora, y me siento orgullosa de ello... aunque luego acabé con un dolor de cabeza horrible.
- Después de mis quince intensos minutos de pensar, miro Tuenti, miro correo, miro Tuenti, miro correo, pongo música, acoso a la guitarra, dejo de acosar a la guitarra, quito música, miro Tuenti, pongo música, miro correo, acoso a la guitarra, quito música, toco en backing tracks, dejo de acosar a la guitarra, apago el ordenador, me levanto de la silla y me visto para irme, que he quedado.
Lo de la tarde no lo pongo, porque lo he memorizado en los quince minutos diarios de pensar.
P.D. El aliento de mi gato huele a comida de gato.