Este año ha sido un año complicado. No ha sido el peor, pero sí uno más malo que bueno. Iré resumiendo las cosas por meses.
De los primeros meses del año no recuerdo mucho. Conocí a alguna gente de Twitter, algunos han decidido quedarse y otros no. Las quedadas molaban, no éramos un grupo muy grande, pero creo que eso es lo bueno. Cuantos menos mejor.
Me salió un grupo de música. Mis compañeros de clase de guitarra me invitaron a su grupo de rock y acepté. Ensayábamos cada semana, me entretenía aprendiendo canciones en casa y modificándolas para los ensayos.
Con ellos toqué el Canon Rock en la audición, nos salió genial, dijeron que les pareció lo mejor de todas las audiciones que había habido. Subir a un escenario me hace feliz, me gusta compartir lo que tengo y lo que sé.
Hubo un par de meses que estuve bastante desesperada por recuperar el contacto con unas amigas del colegio que se habían enfadado conmigo años atrás. Decidí pedir perdón, las dije de quedar, quedamos y vi que seguían siendo las mismas niñas tontitas de siempre, que se reían entre ellas cuando yo decía algo. Fue la última vez que quedé con ellas, y la primera cosa mala que me pasó durante el año.
Llegó el verano. Los ensayos con el grupo cada vez eran más dispersos, hasta agosto, que directamente dejamos de quedar. El guitarrista no podía venir nunca (o no quería), y se terminó yendo del grupo porque tenía que estudiar, aunque sigo pensando que no le molaba el rollo del grupo, ya que al principio tocábamos Metallica y al final terminamos tocando Dire Straits.
Por estos meses intenté recuperar el contacto con unos amigos heavys de hace unos años. Uno de ellos me dio falsas esperanzas de quedar todos otra vez (genial, eh), y al final nada.
Audición de Orion, de Metallica. Todo bien.
Una amiga se encerró en su casa durante un mes, no quería ver a nadie, no nos avisó. Mientras tanto, estuve quedando con alguna gente que conocí en Twitter, que me invitaron a irme con ellos. Un día fui a buscar a esa amiga y la convencí de que viniera a una quedada. Poco a poco fue saliendo más a la calle.
En septiembre empezaron los problemas. Exploté por un montón de cosas, sobre todo por lo de intentar recuperar antiguos amigos y no poder, y lo pagué con alguien que no se lo merecía, un amigo del grupillo con el que quedaba. Le mandé a tomar por culo, y a partir de ahí el grupo fue a peor.
Poco después me enfadé con otro de los del grupo, pero esta vez con razón. Si algo bueno hizo la bronca entre el otro chaval y yo, fue hacer a este actuar de la forma de la que realmente era. Así pude separarme de ese personaje sin problema alguno.
A partir de ese momento no sabía para dónde tirar, estaba perdida, no sabía lo que había hecho. Tuve depresión, ansiedad, no quería salir de casa, me intentaron ayudar, pero no terminó de servir del todo. Además en la escuela de música había problemas, ya que había cambiado de repente de opinión. Ya no quería hacer una carrera de guitarra clásica. Fui directa a la eléctrica. Volvía a no saber lo que quería hacer con mi vida. La secretaria de allí era nueva, no se enteraba de nada, hacía las cosas fatal, nos cobraba de más, y en fin... Un descontrol. Se me juntaron muchas cosas en la cabeza.
Noviembre. Empezó la escuela de música, y me enteré de que mi profesor de guitarra estaba de baja y el sustituto era un completo inútil. Mis padres querían quitarme de guitarra ya que prácticamente le daba yo las clases al sustituto. Al final me dieron de plazo hasta enero. Si no volvía el profesor, me quitaban de allí.
Empecé a salir un poco más de casa, pero aún así me desconcentraba un montón y a veces no podía seguir las conversaciones.
En diciembre empecé a pensar en intentar hablar con el chaval con el que tuve la bronca en septiembre, a ver si podía arreglar algo. Y así fue. Tengo unos impulsos muy fuertes, no me lo pienso mucho. Un día me levanto con ganas de hablar con alguien, y voy y lo hago, no le doy más vueltas. Y si sale mal... al menos lo he intentado. Lo terminé solucionando, eso fue hace una semana.
Con el otro no voy a hablar en la vida. La verdad es que merece quedarse solo.
Ahora estoy ahí ahí. No sé qué estoy haciendo con mi vida. Los problemas con mis padres están ahí, pero me los he ahorrado ya que creo que no son necesarios contarlos.
Hace poco conocí a gente de distintos grupos, y no me ha parecido bien nadie. Cada vez tengo más asco a la gente, cada vez les pillo antes. No son cosas mías, simplemente vi a gente que... mejor no. Supongo que tengo mala suerte en estas cosas.
Es Nochebuena. La gente sale, yo en cuanto cene me voy a dormir. Y así va a ser también en Nochevieja. Últimamente me da por pensar mucho, y no por pensar cosas buenas precisamente. Pienso mucho en cómo soy, en por qué soy así, en que no quiero ser así. Y no veo nada claro. Van a ser unas navidades tristes, pero a veces las cosas tienen que ser así.
Un saludo, y feliz Navidad a todos, que habrá gente que sí que habrá pasado un buen año.